No importa quién soy.
No importa quien soy ni cuanto escriba. Seguiré desnuda hasta que vuelva, hasta que me despierte de la tortuosa agonía que son los cantos matutinos del alba, hasta que brinque su latir furioso en mi oído, hasta que su pecho regrese a la alcoba, hasta que cese ésta locura que me embriaga en cada vuelta, cada tropiezo. ¡Nada es lo que necesito si vuelvo a verlo! Por eso combato con la luz hasta que me deje atraparlo, para que pueda abordar mis voluntades de la forma más honesta: En sus brazos.
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