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La ardilla Lupe

Tomé un abrigo que se hallaba en un lugar que no era el adecuado, observé la belleza de la rosa que se encuentra en mi mesa de leer alrededor de varias botellas empezadas (me gusta el sonido que hacen al triturarlas antes de arrojarlas a la basura, y por eso dejo que se acumulen para hacerlo varias veces a la vez) su color era tan profundo, un rojo sombrío, pocas cosas son tan enigmáticas como el color rojo cuando es producto de la naturaleza y no algo artificial. Observé los libros en la ventana, y me di cuenta que cuando el cielo está nublado sus portadas no se ven tan hermosas. Por lo general al ver las portadas uno siente algo así como el deseo de leerlos todos a la vez, y junto a ese deseo, el miedo de que tal vez la vida o la muerte no consideren que ese deseo se deba satisfacer, y uno se siente como regresando de sumergir la mirada en un abismo sin fondo, luego de contemplar todas las posibilidades que podrían impedir la lectura de todos esos libros. Al abrir la puerta r...

El encuentro

Los amores se sustentan de la ilusión, en cambio, esos instantes de inmensidad en el bosque, son vivos, van más allá de todo lo que pueda crear la imaginación. Desde el primer momento en el que se conocieron, él sintió que caía en un abismo, y las cosquillas de ese salto le hacían sentir agradecido por no saber volar, por no poder resistirse a esta caída. Quizá por puro hábito, la ignoró; él tenía la costumbre de ignorar deliberadamente a las personas hermosas, en especial si estas se mostraban muy interesadas en coquetear con él, cosa bastante frecuente. Él era un hombre muy fuerte, con un rostro de facciones muy finas y masculinas, un ser que tenía más relación con la naturaleza que con la sociedad, y que no salía de su casa sin un libro, y aprovechaba cada momento para leerlo, lo que le hacía casi inaccesible para las personas que querían llevarlo a la cama, y cuya única puerta de acceso era ese libro, debido a que era donde se posaba toda su atención cada vez que se hallaba en ...

No importa quién soy.

No importa quien soy ni cuanto escriba. Seguiré desnuda hasta que vuelva, hasta que me despierte de la tortuosa agonía que son los cantos matutinos del alba, hasta que brinque su latir furioso en mi oído, hasta que su pecho regrese a la alcoba, hasta que cese ésta locura que me embriaga en cada vuelta, cada tropiezo. ¡Nada es lo que necesito si vuelvo a verlo! Por eso combato con la luz hasta que me deje atraparlo, para que pueda abordar mis voluntades de la forma más honesta: En sus brazos.

Respuesta de Lupe a comentario de Kike.

Tú intimidas, lo sabes, no a mí, pero si lo haces y tu carácter es severo como el de tu padre, es tu aliento de hombre que reclama dureza ante la pureza de tus emociones... Eso me enamora.